El alcohol y el delirium trémens

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Una de las más temidas consecuencias del alcoholismo, incluso más que la cirrosis hepática, es la manifestación de la condición conocida como delirium trémens, o deliriotembloroso, que se presenta cuando una persona sumamente acostumbrada al alcohol, cesa o disminuye de forma drástica su nivel de alcohol en la sangre. Se suelen presentar con temblores, taquicardias, confusión, malestar generalizado e incluso, en casos mucho más severos, pueden llevar a terribles alucinaciones, convulsiones e incluso la muerte.

El alcohol es una sustancia que tiene efectos depresivos, es decir, que disminuye la actividad del cuerpo en distintas zonas. De hecho, si llega a tener en promedio un litro de alcohol en sangre, el sistema se deprime tanto que se sufre un paro cardiaco o pulmonar. Pero, es muy difícil llegar a estos niveles, que equivale más o menos a beber 3 botellas de alcohol en unas cuantas horas, ya que el cuerpo se “apaga” mucho antes.

El problema es que el alcohol genera tolerancia, es decir que cada vez se requiere de una mayor cantidad para llegar al mismo estado. Además, genera dependencia física, lo que quiere decir es que el cuerpo comenzará a pedir alcohol para sentirse bien. Al negárselo, comienzan a aparecer, en casos graves, incluso alucinaciones bastante perturbadoras, generalmente aterradoras. Este es uno de los síntomas del delirium trémens, en las que las personas comienzan a ver cosas que realmente no están allí, como insectos que les devoran, que las paredes se colapsan sobre ellos, etcétera. Además, otro de los síntomas pueden ser muy parecidos a aquellos de la epilepsia, en la medida que las personas que lo padecen pueden caer el suelo y convulsionar, golpeándose gravemente la cabeza, o cualquier otra parte del cuerpo, lo que puede llevar a lesiones graves tales como fracturas.

 

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