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Los cinco mitos sobre el estrés

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Mito 1: El estrés es malo. En realidad, existen dos tipos de estrés y uno de ellos es beneficioso. Se trata del eustrés, un grado de estrés que nos permite mantenernos con los cinco sentidos alertas, que nos motiva a trabajar y a ser más creativos. Es el estrés que nos mantiene despiertos cuando debemos estudiar para un examen o el que nos infunde energías que ni siquiera sabíamos que teníamos cuando debemos enfrentar un proyecto largo. Cuando el eustrés se extiende durante mucho tiempo, se convierte en distrés. Y este si nos provoca desequilibrios a nivel psicológico y físico.

Mito 2: Sin síntomas no hay estrés. Realmente, las primeras etapas del estrés cursan de manera asintomática y ello no significa que no exista. Los síntomas físicos como el cansancio o los problemas gastrointestinales y dermatológicos se comienzan a apreciar muy tarde, cuando el estrés ya lleva meses o años actuando. Obviamente, lo ideal es estar atentos a los síntomas que se aprecian en el orden psicológico como la irritabilidad y la ansiedad.

Mito 3: El estrés es el mismo para todos. Si bien algunos psicólogos afirman que existen situaciones que tienen una carga estresante para la mayoría de la persona, lo cierto es que cada cual responde de manera diferente al estrés, en parte, porque cada persona le confiere su propio significado emocional a las diferentes situaciones que va viviendo. ¿Qué significa esto? Que existen situaciones particularmente estresantes como podría ser la pérdida del trabajo pero algunos la vivencian de una manera más fuerte que otros e incluso, hay para quienes este hecho se convierte en una nueva oportunidad.
Mito 4: El estrés está en todos los lugares, tenemos que aprender a convivir con él. Es cierto que muchas realidades de la vida cotidiana resultan difíciles de sobrellevar como los vaivenes económicos, la incertidumbre, las largas horas de trabajo… Estas situaciones suelen producir estrés. Sin embargo, no tienes por qué aceptarlo, como si fuera un mal necesario. Existen muchas técnicas para lidiar con el estrés y existen formas de vida más relajantes. De hecho, no es casualidad que en los últimos años se hable cada vez más de Downshifting.
Mito 5: Las estrategias de toda la vida para reducir el estrés son las mejores. Algunas estrategias populares son eficaces para lidiar con el estrés pero otras no lo son. Por ejemplo, una de las tácticas populares para reducir el estrés afirma que es necesario realizar otras actividades que nos hagan olvidar. En parte, esta estrategia puede ser eficaz pero solo si se opta por actividades como el yoga, la relajación, la práctica de ejercicios físicos al aire libre…

El pensamiento catastrofista: Una causa de la ansiedad

mar
22

Preocupaciones, ansiedad, estrés, pánico, pensamiento catastrofista… pueden parecer palabras y conceptos diferentes (porque lo son) pero en realidad están muy vinculados entre sí. Para los que no sepan qué es el pensamiento catastrofista, les explico que se trata de una forma de comprender el mundo y los hechos desde una perspectiva irracional que tiende a magnificar los hechos y sus consecuencias así como a imaginar posibles desastres.

En resumen, se trataría de una persona que exagera las cosas en sentido negativo y que se siente continuamente ansiosa y con miedo frente a las posibles contingencias que podrían suceder. Como ya podrás presuponer, este tipo de pensamiento guarda una estrecha relación con la ansiedad puesto que la potencia de forma superlativa. El pensamiento catastrofista es una de las causas de la ansiedad, no es la única pero sin lugar a dudas está presente en una gran parte de los casos. Afortunadamente, el pensamiento catastrofista se puede corregir.
El primer paso es detectar que existe un pensamiento catastrofista. Puede parecer una verdad de Perogrullo pero lo cierto es que la mayoría de las personas que piensa de esta forma, cree que sus ideas y temores son completamente fundados. La verdad es que la peor situación que se te pueda ocurrir, puede pasar. Pero las posibilidades de que sucedan son tan mínimas que no vale la pena amargarse la vida por ello.
Por tanto, pregúntate si tiendes a empeorar las situaciones y si sueles ver problemas enormes allí donde no los hay. Quizás lo mejor es que te ayudes de un amigo sincero y le preguntes qué piensa al respecto. Seguramente su visión será mucho más objetiva que la tuya (a no ser que también sea un catastrofista).
El segundo paso es analizar las consecuencias de este tipo de pensamiento. ¿Cómo te sientes cuando imaginas una catástrofe? ¿Te hace sentir bien o mal? ¿Notas cambios en tu organismo, quizás comienzas a sudar, sientes palpitaciones o tienes problemas para respirar? Todos estos son síntomas de la ansiedad y, si no se controlan a tiempo, la catástrofe que tanto vaticinabas terminará llegando pero provocada por ti mismo.
Darte cuenta de los daños que te provoca este tipo de pensamiento es importante porque esto te motivará a cambiar. Si lo prefieres, haz una lista con las consecuencias negativas y léela cada vez que te sientas desfallecer o estés tentada a pensar de esta forma.